Carolina Pinheiro, CEO & Pancho González, CCO de Inbrax, Chile
Una vez más, Inbrax ha sido reconocida como la Agencia del Año en Chile según TopFice 2025. ¿Qué ha cambiado desde la primera vez hasta esta mención en 2025?
Carolina Pinheiro: La primera vez que recibimos este reconocimiento fue una mezcla de sorpresa, validación y una sensación muy profunda de orgullo por haber demostrado que una agencia independiente chilena podía competir de igual a igual con gigantes globales. Desde entonces, lo que más ha cambiado es la madurez del modelo. Inbrax ya no solo es una agencia creativa: es un ecosistema que reúne estrategia, tecnología, datos, IA, creatividad y pensamiento de negocio. Hemos profesionalizado procesos, ampliado capacidades y, sobre todo, integrado disciplinas que antes trabajaban en paralelo. Hoy operamos bajo un modelo mucho más orgánico, donde cada área conversa con la otra desde el inicio. Eso genera una eficiencia muy superior y una calidad creativa más consistente.
Este reconocimiento en 2025 no lo vemos como un premio aislado, sino como la consecuencia natural de haber construido un sistema que funciona, que aprende y que crece. La primera vez fue un hito; hoy es un estándar que nos exige sostenernos arriba con excelencia y humildad.
Pancho González: Si algo ha cambiado desde la primera vez, es nuestra relación con la creatividad. En ese entonces celebrábamos demostrar que una agencia independiente podía llegar al podio. Hoy, lo que celebramos es la consistencia. La primera vez se sintió como tocar la cima; esta vez se siente como demostrar que sabemos mantenernos ahí, pero sin dejar de innovar. En estos años, Inbrax ha evolucionado hacia una identidad mucho más experimental, donde la cultura, la calle, la investigación y la tecnología conviven para dar vida a ideas que no solo buscan premios, sino conversaciones reales. Adoptamos la IA antes que nadie en Chile, entendimos fenómenos culturales como el brainrot antes de que fueran mainstream, y empezamos a mezclar insights humanos con herramientas tecnológicas para amplificar el impacto. Eso exige reinventarse, cuestionarse y correr riesgos permanentes. Hoy somos una agencia más segura de sí misma, más libre creativamente y, al mismo tiempo, más rigurosa. Ese equilibrio es lo que cambió.
Chile siempre ha sido un mercado de ideas valientes y estrategias inteligentes. ¿Qué factores crees que hicieron que Inbrax destacara por encima de otras agencias del país?
CP: Chile es un mercado tremendamente competitivo, donde la creatividad tiene una vara alta y las marcas esperan resultados tangibles. Creo que Inbrax logró destacarse por tres razones: disciplina estratégica, consistencia y visión de largo plazo.
No hacemos creatividad desconectada del negocio. Antes de cada idea hay un diagnóstico muy sólido, un entendimiento profundo del consumidor y un propósito claro. Sumado a eso, cuidamos mucho la operación: procesos claros, roles bien definidos, equipos interdisciplinarios y una cultura de excelencia que no se negocia. El otro factor ha sido nuestra capacidad de atraer talentos diversos: creativos, planners, expertos en IA, científicos de datos, sociólogos, diseñadores, periodistas. Ese cruce de miradas nos permite construir soluciones más completas y modernas que las que puede generar un equipo tradicional. Esa mezcla es nuestro diferencial.
PG: Destacamos por algo que puede sonar simple, pero que en la práctica es muy difícil: nos obsesionamos con la idea. No la soltamos. La trabajamos hasta que emocione, sorprenda y genere conversación. Nuestro estándar interno siempre ha sido más alto que el que nos exige la industria, y eso nos empuja a no conformarnos. El coraje también es otro factor. Mientras muchas agencias buscan comportarse como marcas grandes —seguras, previsibles, políticamente correctas—, nosotros hemos abrazado lo raro, lo cultural, lo inesperado. Chile premia a quienes se atreven, y en eso siempre jugamos de local. Desde temas sociales complejos hasta iniciativas tecnológicas pioneras, no le tenemos miedo a explorar. Ese espíritu, sumado a una estructura muy ágil, quizás explica por qué destacamos. No tratamos de parecernos a nadie; tratamos de ser la mejor versión de nosotros mismos.
¿Si llegara una oferta de una holding, Inbrax estaría dispuesta a cambiar de dueños?
CP: Inbrax no nació para ser vendida: nació para trascender. Eso significa que cualquier oferta que reciba debe alinearse con nuestro propósito, con nuestra cultura y con la forma en que entendemos la creatividad. Estamos abiertos a alianzas que amplifiquen capacidades, aceleren nuestra expansión regional o potencien nuestra oferta tecnológica, pero no a perder nuestra esencia. Una venta solo tendría sentido si protege y fortalece nuestra independencia creativa y estratégica. Si un holding nos permite multiplicar impacto sin imponer estructuras que maten nuestra cultura, se puede conversar. Pero jamás sacrificaremos quienes somos solo por un número.
PG: Yo siempre digo algo medio provocador: somos independientes por convicción, no por romanticismo. Si un holding puede hacer que las ideas viajen más lejos, que la creatividad crezca y que el talento se potencie, hablemos. Pero si el costo es transformar Inbrax en una agencia más del montón, entonces no hay trato. Lo más valioso que tenemos es la libertad: de explorar, de equivocarnos, de proponer cosas diferentes, de mezclar inteligencia con locura. Si un socio viene a potenciar eso, bien. Preferimos crecer a nuestro ritmo que triunfar a costa de perder identidad.
Hablemos de creatividad. ¿Cuál es la filosofía o el proceso interno que permite a Inbrax desarrollar ideas que conectan tanto con la industria como con los consumidores?
CP: Para nosotros, la creatividad no es un acto aislado: es un proceso colectivo. Partimos siempre por una comprensión profunda de las tensiones humanas que mueven un comportamiento. Desde ahí articulamos qué rol legítimo puede ocupar la marca en ese espacio y recién después empezamos a explorar caminos creativos. Trabajamos en células interdisciplinarias donde la estrategia, la creatividad, la producción, la IA y la data colaboran desde el día uno. Eso reduce fricciones y aumenta la solidez de la solución. Además, tenemos una cultura de testeo rápido que nos permite ajustar ideas con evidencia sin perder su esencia. La creatividad que conecta es la que entiende a las personas y habla desde la verdad. Y eso no se improvisa; se construye.
PG: En Inbrax tenemos una filosofía muy simple, si no emociona, no funciona. No importa si es una idea tecnológica, social, brainrot, mainstream o hiper local; siempre debe tocar algo humano. A veces es una emoción profunda; otras, una risa. Pero algo tiene que mover. Nuestro proceso combina mucha investigación cultural, mucha observación del comportamiento real y una enorme libertad creativa para explorar ideas que quizás otras agencias no intentarían. Nos permitimos el riesgo. Y cuando algo nos parece demasiado raro, generalmente es una señal de que vamos por buen camino, especialmente de cara la generación alfa.
De cara al 2026, ¿cuáles serán las tres grandes tendencias que las marcas chilenas deben tener en cuenta para seguir siendo relevantes?
CP: Creo que Human+AI será una de éstas, no se trata de reemplazar equipos, sino de potenciar su capacidad creativa, productiva y estratégica. Las marcas que integren IA con ética, transparencia y propósito serán más competitivas. En segundo lugar el propósito verificable, las audiencias están cansadas de discursos; quieren acciones. Las marcas deberán demostrar impacto social, ambiental o cultural real, porque la confianza será el mayor activo. Y por último los ecosistemas propios de valor: fidelización, data de primera parte y experiencias omnicanal serán fundamentales en un contexto donde la privacidad y la personalización son cada vez más relevantes. Las marcas que no construyan su propio ecosistema quedarán dependientes de terceros.
PG: Sin lugar a duda el fenómeno Brainrot seguirá afectando las comunicaciones por lo menos en los 10 años que vienen, las nuevas generaciones (alfa) consumen información de manera fragmentada, caótica, estúpida, humorística y emocionalmente inesperada. Las marcas que no entiendan ese lenguaje quedarán hablando solas. También se va a necesitar una creatividad útil, es decir, las marcas deberán resolver problemas reales. Desde movilidad hasta educación, pasando por inclusión, sostenibilidad o trámites. La creatividad que transforma será más valorada que la creatividad que solo entretiene y la tecnología está jugando un rol relevante acá. Y la tercera tendencia es el storydoing radical, se acabó la época de contar historias sin hacer nada. Las marcas deberán demostrar quiénes son a través de acciones, experiencias y proyectos con impacto. Menos discurso, más calle.








