En la costa de Delaware, cerca de Washington D.C, un grupo de voluntarios recoge las conchas de ostras desechadas por restaurantes para darles una nueva vida en el ecosistema marino. Estos desechos son recolectados y llevados a zonas de reciclaje donde se apilan y preparan. Las conchas no se envían a vertederos, sino que se empacan en sacos para ser devueltas al agua, ayudando a formar arrecifes naturales que protegen las costas de tormentas y sirven de hábitat para numerosas especies marinas.
Las ostras, además de su utilidad como alimento, ayudan a limpiar el agua, filtrándola para obtener sus nutrientes. Además del beneficio ecológico, hay beneficio económico, ya que esta iniciativa apoya la posibilidad de cultivar ostras localmente, reduciendo la necesidad de traerlas de lugares lejanos y fomentando la recuperación de poblaciones marinas en la región.



