¿Te imaginas renunciar a tu trabajo porque una gran empresa te dijo que sí a tu proyecto y, pocos días después, recibir una llamada informándote que el contrato ya no iba? Lo que para muchos habría sido un fracaso, terminó convirtiéndose en el punto de partida de BAUMM.

La firma argentina de diseño sustentable nació hace casi quince años con una idea: encontrar valor donde otros solo veían residuos. Lo que comenzó reutilizando lonas publicitarias evolucionó hasta convertir parapentes, paracaídas y otros materiales técnicos descartados en camperas, mochilas y accesorios únicos.

En exclusiva con Tomilli, Lucas Desimone, director de BAUMM, repasó los errores, aprendizajes y momentos inesperados que marcaron el crecimiento de una marca que hoy trabaja con compañías como Adidas, Nike y Netflix, pero que aún conserva la misma curiosidad que tuvo desde el primer día.

Todo comenzó con un parapente

Aunque los primeros experimentos fueron con lonas publicitarias, el verdadero punto de inflexión apareció cuando el equipo encontró un parapente fuera de uso.

“Ya veníamos con la inquietud de reutilizar y ver qué se podía hacer con los materiales que andaban dando vueltas”, recuerda Lucas.

Sin embargo, el camino no fue tan simple. Las lonas que utilizaban inicialmente parecían una buena solución, pero con el tiempo comenzaron a resquebrajarse y perder resistencia.

Aquello les dejó una lección importante: reutilizar un material no basta. También debe ofrecer calidad, durabilidad y una verdadera utilidad para quien lo compra. Fue entonces cuando comenzaron a investigar otros materiales hasta encontrar en los parapentes y paracaídas una alternativa mucho más resistente y versátil.

El momento en que entendieron que sí lo habían logrado

Los primeros experimentos de BAUMM fueron con lonas publicitarias reutilizadas, un material que inicialmente parecía ideal para dar una segunda vida a los residuos. Sin embargo, con el tiempo descubrieron que se resquebrajaba y terminaba rompiéndose, por lo que no era una solución sostenible a largo plazo. Esa experiencia les enseñó que reutilizar un material no es suficiente; también debe ser durable y funcional. Esto los llevó a explorar nuevos materiales hasta encontrar en los parapentes y paracaídas una alternativa mucho más resistente.

Aunque trabajar con marcas como Adidas, Nike o Netflix fue importante, Lucas recuerda especialmente un viaje a Japón en 2018. Allí descubrió que personas al otro lado del mundo compraban sus productos y le pedían que los firmara. “Fue raro, sobre todo porque no lo esperaba”, cuenta sobre una experiencia que le permitió tomar conciencia del alcance que había logrado BAUMM.

Recientemente, la empresa encontró una oportunidad inesperada en las veletas de aeropuerto reutilizadas. Una edición limitada de 20 bolsos fabricados con este material se agotó en un solo día, algo que no había ocurrido en todo el año debido a las dificultades económicas del país. Para Lucas, esto demuestra que existe un creciente interés por productos únicos, con materiales poco convencionales y una historia auténtica detrás.

La innovación no consiste solo en reutilizar

Para BAUMM, innovar no es simplemente reutilizar materiales, sino lograr que aquello que parecía un residuo se transforme en algo incluso mejor que su función original. “Si vamos a reutilizar un material, el resultado tiene que ser igeual de interesante o mejor para lo que fue diseñado”, explica Lucas.

La innovación de la empresa consiste en llevar el upcycling (el proceso de transformar materiales o productos descartados en algo nuevo que tenga mayor valor, utilidad o calidad que el original) a su máxima expresión: transformar materiales descartados en productos funcionales, atractivos y duraderos que las personas realmente quieran usar. Como señala Lucas, el objetivo siempre ha sido “sacarle el máximo provecho” a cada material y convertirlo en algo superior.

Romper las reglas del consumo

Desde sus inicios, BAUMM decidió alejarse del modelo tradicional de colecciones de temporada que impulsa el consumo constante. “Descubrimos que es innecesario”, afirma Lucas. En lugar de producir según calendarios comerciales, la marca crea a partir de los materiales que encuentra y de las oportunidades que surgen.

Lucas cree que sí, aunque reconoce que el cambio ocurre de manera gradual. Para él, la transformación no vendrá de una sola marca, sino de pequeñas comunidades de consumidores que entienden el valor detrás de cada producto y comparten esa visión con otras personas. “Es tan grande el monstruo que no queda otra que trabajar lo chiquito”, concluye.

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