Cada vez más empresas e instituciones reconocen que la marca es un activo estratégico. Durante los últimos años, las marcas han dejado de ser vistas únicamente como elementos visuales para convertirse en activos estratégicos capaces de generar valor económico, social y cultural. 

Aunque las empresas entienden el valor de la marca y le dan valor, reputación, reconocimiento y diferenciación. AEBRAND advierte que todavía existe una contradicción entre la importancia que distribuye al branding y la forma en que se contratan estos servicios.

El costo oculto de los concursos tradicionales:

Diferentes organizaciones siguen utilizando modelos de licitación obsoletos que exigen propuestas estratégicas y creativas completas antes de formalizar el contrato. 

Pero esto choca con el valor real del sector:

  • Exigencia de propuestas previas: gran parte del desarrollo creativo previo al contrato no recibe remuneraciones
  • Exigencia de alta especialización: labores complejas de arquitectura de marca y la identidad visual que requieren horas de trabajo técnico y calificado sin remuneraciones aseguradas.
  • Faltas de compensación económica: gran parte de estas agencias se esfuerzan e invierte tiempo, talento y recursos financieros para presentar propuestas que finalmente no reciben ningún pago. 

Lo que daña la industria, devalúa la profesión y afecta directamente al éxito del proyecto. Cuando los procesos de selección se basan en la gratuidad de las ideas, se limita el análisis profundo y se debilita el valor de marca. Por ello, el sector exige una solución, que se convierta en una consultoría de alto valor y no en una subasta de diseños a bajo costo, depreciando el tiempo de trabajo y los recursos invertidos por las agencias.

Más allá de hablar sobre un caso puntual, la discusión abre la puerta a la reflexión sobre cómo se regalan las estrategias al no garantizar contratación. 

Al brindar información escasa y limitada a estas agencias por estar en un “concurso” la agencia solo puede proponer soluciones superficiales basadas en suposiciones. Estás asumen el coste de horas de trabajo y de perfiles senior para competir en procesos de alta complejidad, con probabilidad de rechazo. 

Finalmente, la falta de tiempo y de acceso a la realidad de la empresa empuja a los equipos a reciclar ideas y reducirlas a clichés visuales. Como consecuencia, tanto las organizaciones como las agencias terminan inmersas en procesos poco eficientes que denigran el trabajo estratégico y creativo, además de desperdiciar recursos, tiempo y oportunidades de generar un impacto. 

Fuente: AEBRAND 


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