A blanco y negro, como una película de los años 20; así lucen ahora algunos de los empaques de bocadillos de la empresa Calbee en Japón.
La guerra en Irán no solo está apagando el color en sentido figurado, sino que literalmente también comienza a eliminarlo de algunos productos. Esto se debe a las interrupciones en los suministros provocadas por el impacto colateral del conflicto en Medio Oriente, que llevó al cierre de facto del Estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave para el comercio mundial. En este caso, la situación afectó el acceso a ingredientes utilizados en las tintas de los empaques, incluyendo colores característicos de la marca como el rojo de las papas saladas o el amarillo y verde de las versiones de alga marina.
Calbee Inc. es una de las compañías de alimentos y confitería más grandes y reconocidas de Japón. La empresa se dedica a la fabricación y comercialización de snacks, cereales y alimentos procesados a base de ingredientes naturales, exportando sus productos a países como Estados Unidos, China y Australia.
Más allá del impacto visual, la marca es un ejemplo de “marketing de resiliencia”. En lugar de esconder el problema o arriesgarse a que el producto parezca “barato”, Calbee convierte la crisis en una narrativa de compromiso y adaptación, demostrando que incluso en escenarios complejos las marcas pueden mantener coherencia, continuidad y conexión con el consumidor.
La decisión también evidencia cómo el packaging deja de ser únicamente un elemento visual para convertirse en una herramienta de comunicación representativa capaz de transmitir transparencia, contexto y cercanía sin necesidad de grandes campañas.
Por otro lado, la compañía afirmó en un comunicado que “esta medida tiene como objetivo ayudar a mantener un suministro estable de productos”, ya que, para evitar detener la producción y garantizar que el contenido del producto no cambie, decidieron continuar temporalmente con empaques en blanco y negro.
Adicionalmente, la empresa informó que los cambios en 14 de sus productos comenzarán a reflejarse a partir del 25 de mayo, limitando el uso de tinta a solo dos colores.
Finalmente, dado que los consumidores ya no identificaban con facilidad sus sabores favoritos únicamente por el color del empaque, los nuevos diseños en escala de grises comenzaron a dar mayor protagonismo a las etiquetas y descripciones escritas.
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