La FIFA se transforma cada cuatro años en una de las marcas de entretenimiento más grandes del mundo, alcanzando un nivel de impacto global capaz de superar temporalmente incluso a gigantes tecnológicos o de moda. Pero, más allá del espectáculo deportivo, su estrategia de marca también rompe esquemas: no vende productos, vende una identidad cultural colectiva capaz de mover emociones y conectar personas desde Latinoamérica hasta Europa, Asia y África.
De acuerdo con Martín Guerriera, director de Kantar BrandZ, la Copa Mundial no solo se vive durante el torneo, sino mucho antes de que empiece. El evento comienza a mover conversaciones entre países, marcas, patrocinadores y consumidores, generando cambios en el comportamiento del mercado y consolidándose como uno de los fenómenos culturales y comerciales más poderosos del mundo.
La Copa Mundial de la FIFA nació de la necesidad de crear un torneo profesional de fútbol que superara las limitaciones de los Juegos Olímpicos de la época.
El primer Mundial se celebró en Uruguay en 1930, cuando la televisión aún era en blanco y negro. Para entonces, Uruguay ya era bicampeón olímpico, un reconocimiento que le daba gran relevancia en el fútbol internacional. Además, el país ofreció cubrir los gastos de viaje de las selecciones participantes, un factor clave para ser elegido como sede de la primera Copa del Mundo. Ese mismo año, Uruguay volvió a hacer historia al vencer a Argentina en la final y conquistar un nuevo título internacional.
En 2026, la Copa Mundial tendrá lugar en Estados Unidos, Canadá y México, con 48 selecciones representando a sus países. Sin embargo, aunque el torneo mueve la economía global, no tiene el mismo significado cultural en todos los mercados.
Para Estados Unidos el fútbol llamado localmente Soccer históricamente no ha sido el deporte principal, debido a que la identidad deportiva y el mercado comercial del país se consolidaron alrededor de disciplinas propias como el fútbol americano, el béisbol y el baloncesto. En contraste, en América Latina, Europa y África, el fútbol se convirtió en un pilar cultural influenciado por factores históricos, sociales y económicos.
Solo en Estados Unidos, se proyectan US$30,5 mil millones en producción económica total, un incremento de US$17,2 mil millones en el PIB nacional y la creación de aproximadamente 185.000 empleos equivalentes a tiempo completo. Además, se estima que más de 1,5 millones de visitantes internacionales asistirán al evento, impulsando sectores como hotelería, retail, gastronomía y turismo.
El Mundial 2026 no solo será uno de los eventos deportivos más grandes de la historia por cantidad de equipos y sedes; también será una oportunidad global para que las marcas entren en una conversación cultural que ya mueve emociones antes del primer partido.
Mientras algunas compañías luchan por captar segundos de atención en un entorno copado de la misma información, la Copa Mundial permite algo mucho más poderoso, conectar con el sentimiento colectivo de pertenecer, celebrar y compartir una misma experiencia alrededor del mundo, este año podemos observar cómo diferentes empresas apelan a la conversación sobre el Mundial para impulsar sus productos, ideas, contenido e incluso su comunicación interna.
Y ahí está, quizás, el mayor valor de la FIFA como marca: no únicamente en los ingresos que genera, sino en su capacidad para transformar emociones, identidad y conversación en un fenómeno cultural donde marcas, personas y países terminan formando parte de una misma experiencia global.
Fuentes:
Kantar – “La ventaja de la inteligencia: lo que revela la Copa del Mundo sobre la construcción de marcas duraderas”
Plus500 – “Economía de la Copa del Mundo la FIFA: qué esperar del Torneo 2026”
Tomilli busca innovación que genera conversación.


