Las personas no están abandonando internet, pero sí parecen buscar momentos en los que no sea el centro de la experiencia. Frente a la saturación de pantallas, notificaciones y contenidos, actividades como escuchar un vinilo, escribir a mano o utilizar dispositivos con funciones limitadas adquieren un nuevo atractivo.

WGSN reúne estas conductas bajo el concepto de comportamiento analógico: una tendencia marcada por el interés en objetos físicos, experiencias táctiles y formas de entretenimiento que reducen la intervención de las pantallas.

De acuerdo con datos citados por la firma de pronóstico de tendencias, cerca del 50 % de los consumidores consultados a escala global intenta reducir su tiempo de pantalla. Sin embargo, la publicación abierta de WGSN no detalla la metodología, los países ni el tamaño de la muestra, por lo que la cifra debe entenderse como un dato atribuido a la compañía y no como una conclusión universal.

La Generación Z también compra formatos físicos

Uno de los ejemplos más visibles aparece en la industria musical. Según el informe Audio Tech Lifestyles de Futuresource Consulting, cerca del 60 % de los integrantes de la Generación Z incluidos en su estudio compraba discos de vinilo. Entre esos compradores, el 28 % no tenía tocadiscos.

La investigación también señala que el 42 % de quienes compraron casetes no contaba con un dispositivo para reproducirlos. Estos resultados no significan que esos porcentajes representen a toda la Generación Z, pues la metodología completa del estudio no está disponible públicamente.

Las cifras sí permiten observar un cambio en la función de los formatos físicos. Un disco o un casete ya no se compra únicamente para escuchar música: también puede funcionar como objeto de colección, pieza decorativa, expresión de identidad o forma de apoyar directamente a un artista.

El interés por lo físico tampoco depende exclusivamente de la nostalgia. En muchos casos, las generaciones más jóvenes están descubriendo tecnologías y formatos que surgieron antes de que ellas nacieran.

El comportamiento analógico no es solo una estética retro

Para WGSN, el comportamiento analógico recupera elementos de distintas épocas, pero los combina con materiales, usos y significados contemporáneos.

La tendencia, por tanto, no consiste simplemente en reproducir diseños antiguos. Los códigos retro conviven con una estética de baja fidelidad o lo-fi, caracterizada por texturas visibles, imperfecciones y contenidos menos producidos.

Esa búsqueda de lo tangible también puede influir en el diseño de productos, las experiencias presenciales y la comunicación de las marcas. El reto está en identificar si existe una necesidad real detrás de la estética o si solo se está utilizando una apariencia retro para seguir una moda.

¿Qué pueden hacer las marcas?

WGSN plantea tres posiciones frente a estos movimientos culturales:

  • Cartógrafo cultural (Cultural Cartographer): la marca participa en la identificación y construcción de nuevos códigos culturales.
  • Facilitador (Facilitator): crea espacios, herramientas o experiencias para que las comunidades participen y cocreen.
  • Seguidor (Follower): reacciona cuando la tendencia ya ha alcanzado popularidad.

La diferencia está en el papel que asume cada organización: puede contribuir a construir una cultura, facilitar su desarrollo o limitarse a reproducir sus señales más visibles.

El comportamiento analógico no supone una ruptura con internet. De hecho, muchas de estas prácticas se descubren y se popularizan en plataformas digitales. La paradoja es precisamente esa: las redes sociales también funcionan como escaparate para experiencias que prometen una relación más pausada, física y consciente con la tecnología.

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