La compañía canadiense CarbonCure Technologies está transformando uno de los materiales más usados del planeta, el concreto, en un sumidero activo de carbono, en lugar de un motor de emisiones. En lugar de que el CO₂ liberado durante la producción de cemento contribuya al calentamiento global, la tecnología de CarbonCure inyecta dióxido de carbono capturado directamente en la mezcla de concreto durante su fabricación, donde reacciona químicamente con los componentes y se mineraliza de forma permanente dentro del material.
La producción de cemento tradicional representa aproximadamente el 7 % de las emisiones globales de CO₂, debido a la enorme cantidad de dióxido de carbono que se libera al calentar piedra caliza y otros materiales en hornos industriales. La innovación de CarbonCure enfrenta este desafío al transformar CO₂ capturado en parte del propio producto de construcción, lo que significa que el carbono queda encerrado dentro de edificios, calles y puentes en forma de minerales, en lugar de regresar a la atmósfera.
Más allá del beneficio climático, esta innovación tiene un impacto técnico positivo: el proceso de mineralización del CO₂ dentro del concreto puede mejorar su resistencia a la compresión, lo que permite reducir la cantidad de cemento necesario en la mezcla sin sacrificar durabilidad o calidad. Esto aporta tanto ventajas ambientales como económicas a fabricantes y constructores.
Con instalaciones ya operativas en numerosas plantas de concreto alrededor del mundo y proyectos en infraestructura comercial y pública, la tecnología de concreto con captura de carbono de CarbonCure muestra cómo es posible construir con menos impacto ambiental y convertir la huella de carbono en una oportunidad para una arquitectura más sostenible.
Tomilli



