En un mundo donde las mascotas representan compañía y bienestar emocional, no todos pueden tener una. Personas mayores, pacientes con demencia o Alzheimer, e incluso quienes viven con ansiedad, muchas veces quedan fuera de esa experiencia.

Ahí es donde aparece Tombot.

Se trata de un cachorro robótico hiperrealista diseñado para imitar no solo la apariencia de un perro, sino también su comportamiento: responde al tacto, mueve la cola, emite sonidos y genera interacción emocional con el usuario. No busca reemplazar a una mascota real, sino replicar sus beneficios sin las responsabilidades que implica cuidarla.

Pero lo más relevante no está en la tecnología, sino en su origen.

Tombot nace de una experiencia personal. Su creador tuvo que separar a su madre, diagnosticada con Alzheimer, de su perro, una decisión que intensificó su sensación de soledad. A partir de ese momento surgió una idea simple, pero poderosa: recrear ese vínculo.

El resultado es un “perro” que no ensucia, no envejece y no muere, pero que logra algo clave: generar apego.

Más allá del caso clínico, lo que esto plantea es una conversación mayor. Estamos entrando en una etapa donde el afecto también se diseña, donde la experiencia emocional puede replicarse, optimizarse y adaptarse a las limitaciones del usuario.

La pregunta ya no es tecnológica, es emocional:
¿Estamos frente a una solución empática… o a una nueva forma de reemplazar lo real?

Fuente: https://tombot.com/ 

Tomilli

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