¿Es posible utilizar agua para generar el combustible con el que cocinamos? Aunque suene contradictorio, una estufa de hidrógeno desarrollada por investigadores de la Universidad de Santander (UDES) explora precisamente esa posibilidad: utilizar agua y electricidad para producir el hidrógeno que posteriormente genera la llama.

La tecnología forma parte de los desarrollos del Centro de Investigación del Hidrógeno de la Universidad de Santander, liderado científicamente por César Raúl Torres Sierra, ingeniero ecuatoriano con maestría en Recursos Energéticos y cerca de tres décadas de experiencia investigando sistemas de producción y utilización de hidrógeno.

¿Cómo puede una estufa producir combustible a partir del agua?

Aunque suele describirse como una estufa que “funciona con agua”, técnicamente el agua no es el combustible que se quema.

El sistema utiliza un electrolizador que, mediante electricidad, separa el agua en hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno obtenido puede utilizarse posteriormente para producir la llama necesaria para cocinar.

Esta diferencia es importante: el agua aporta el hidrógeno, pero el proceso necesita energía eléctrica para obtenerlo. Además, para hablar propiamente de hidrógeno verde, esa electricidad debe proceder de fuentes renovables.

De la investigación a una prueba en la COP16

La propuesta salió del entorno de investigación para mostrarse públicamente en octubre de 2024, cuando la Universidad de Santander presentó su estufa de hidrógeno durante la COP16 de Biodiversidad en Cali, Colombia.

En la Zona Verde del evento, el sistema fue probado frente a representantes del sector público y especialistas vinculados al desarrollo del hidrógeno, entre ellos miembros del Ministerio de Minas y Energía, el Departamento Nacional de Planeación y el Centro de Investigación del Hidrógeno de la UDES.

Durante la demostración, Torres Sierra explicó el principio detrás de la tecnología: descomponer el agua para obtener el hidrógeno utilizado posteriormente para generar el fuego necesario para la cocción.

¿Podría el hidrógeno cambiar la manera en que cocinamos?

Más allá de reemplazar una estufa por otra, este tipo de desarrollos plantea una pregunta mayor sobre cómo produciremos y utilizaremos energía dentro de nuestros hogares.

El hidrógeno todavía enfrenta desafíos relacionados con la eficiencia energética, el costo, la infraestructura y la forma en que se produce la electricidad necesaria para obtenerlo. Por eso, más que presentar esta tecnología como el reemplazo inmediato del gas, resulta interesante observarla como una exploración de nuevas aplicaciones domésticas para el hidrógeno.

Quizás la cocina del futuro no dependa de una única fuente de energía, sino de diferentes tecnologías capaces de adaptarse a los recursos disponibles en cada lugar.

Fuentes: Universidad de Santander (UDES) e HidroxiEC.

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