La mayoría de tecnologías para reducir emisiones suelen desarrollarse en grandes laboratorios o centros de investigación. Sin embargo, una de las propuestas ambientales más interesantes del año nació de dos estudiantes de 17 años en Kenia.

Fredrick Njoroge Kariuki y Miron Onsarigo desarrollaron HewaSafi, que significa “aire limpio” en suajili, un sistema de escape para vehículos fabricado a partir de residuos agrícolas, cáscaras de coco, baterías desechadas y algas. Según sus creadores, la tecnología es capaz de capturar más del 90% del material particulado generado por los motores.

La idea nació a partir de una experiencia personal. Fredrick sufrió una afección pulmonar agravada por la contaminación del aire, una problemática que, según la Organización Mundial de la Salud, contribuyó que

 aproximadamente 1,1 millones de muertes en África durante 2019. 

Frente a este escenario, ambos jóvenes diseñaron una solución de bajo costo orientada especialmente a medios de transporte de uso masivo como minibuses y motocicletas, responsables de una parte importante de las emisiones en numerosas ciudades africanas.

Lo interesante de HewaSafi no es únicamente su capacidad para filtrar partículas. También demuestra cómo la innovación puede surgir desde contextos locales, aprovechando materiales disponibles en cada territorio para resolver problemas globales. En lugar de depender de tecnologías complejas o costosas, el proyecto transforma residuos cotidianos en una herramienta con potencial para mejorar la calidad del aire y la salud de miles de personas.

La iniciativa fue reconocida como ganadora africana de la edición 2026 de The Earth Prize, uno de los programas internacionales que impulsa a estudiantes a desarrollar soluciones ambientales con impacto real.

Fuente: The Earth Foundation


Tomilli selecciona lo que realmente genera impacto.

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