- El tiempo que queda después del trabajo, los cuidados y los traslados empieza a influir en la manera en que las personas valoran un empleo.
- Flexibilidad, horarios y desconexión ganan peso dentro de una experiencia laboral que ya no se mide únicamente por el salario.
Un empleo también se mide por el tiempo que deja disponible fuera de la jornada. Esa dimensión empieza a cobrar relevancia en un mercado donde las personas valoran cada vez más la flexibilidad, los horarios y las condiciones que permiten compatibilizar el trabajo con el resto de su vida.
La discusión sobre la llamada “pobreza de tiempo” ha puesto este tema sobre la mesa en México. Estimaciones oficiales señalan que 84.2 millones de personas enfrentan esta condición, relacionada con el tiempo limitado para el ocio y el cuidado personal ante la suma de trabajo remunerado, labores domésticas y otras necesidades.
Para Haydeé Jaime, Content Strategy Manager de Pandapé, “Esta conversación permite observar una transformación importante en las expectativas laborales: el bienestar ya no depende únicamente de lo que ocurre durante la jornada, sino también de lo que un empleo permite hacer fuera de ella. Para las organizaciones, entender esta dimensión puede ser clave para construir experiencias capaces de atraer y retener talento en un mercado donde las condiciones laborales tienen cada vez más peso”.
El tiempo dedicado al trabajo no es sólo jornada laboral
La distribución de las horas revela que el problema no termina cuando concluye una jornada laboral. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 de INEGI muestra que las mujeres destinan en promedio 61 horas semanales al trabajo, frente a 58 horas de los hombres, donde los traslados también forman parte de esta ecuación.
La propia ENUT considera dentro del trabajo para el mercado el tiempo destinado a los desplazamientos laborales, una variable que permite entender que la experiencia de un empleo no se limita a las horas que una persona permanece frente a una computadora, atiende clientes o cumple una jornada presencial.
Flexibilidad que responde a la vida real
Esta realidad empieza a reflejarse en las decisiones laborales. Los resultados del “Market Research 2026”, elaborado por Pandapé y Computrabajo, señalan que para 44% de los colaboradores el salario es el principal factor para decidir un cambio, mientras que el resto del peso corresponde a otras condiciones laborales.
El equilibrio entre vida personal y laboral aparece entre esas condiciones. Datos recientes del mercado laboral mexicano también muestran que la flexibilidad, el respeto a los horarios y la posibilidad de establecer límites a la disponibilidad fuera de la jornada ganan relevancia en las decisiones de permanencia.
Del beneficio a la propuesta de valor
El reto para las organizaciones consiste en dejar de entender la flexibilidad como un beneficio aislado y comenzar a incorporar a una Propuesta de Valor al Empleado y experiencia laboral coherente. Horarios adaptables, modelos híbridos cuando la operación lo permite, límites claros de comunicación y una mejor gestión de los tiempos pueden influir en la percepción que una persona tiene de su empleo.
La tecnología también puede ampliar la capacidad de las áreas de Recursos Humanos para conocer mejor al talento y tomar decisiones con más información. Las evaluaciones por competencias, la psicometría y otras metodologías basadas en datos permiten observar habilidades, comportamiento y potencial, mientras que una gestión más eficiente de los procesos puede liberar tiempo para tareas de mayor valor humano.
“El siguiente paso para las organizaciones será entender que hablar de bienestar no significa únicamente ofrecer más beneficios, sino diseñar condiciones laborales que sean compatibles con la vida de las personas. Cuando el talento evalúa una oportunidad, también considera sus tiempos, sus responsabilidades y el espacio que conservará para sí mismo; reconocerlo puede convertirse en una ventaja para construir relaciones laborales más sostenibles”, concluye Haydeé Jaime.


