Cerca de Francia, dos creadoras se hicieron una pregunta distinta: ¿y si el residuo dejara de ser desecho y se convirtiera en materia prima? Así nació Leatherstone, el biomaterial desarrollado por Hors-Studio, un taller–laboratorio fundado por Rebecca Fezard y Élodie Michaud que trabaja bajo una premisa clara: el desperdicio es el recurso del siglo XXI. Restos de cuero industrial, conchas de ostras y otros subproductos locales se transforman allí en piezas que parecen fósiles, piedras o fragmentos arqueológicos.

Leatherstone no es un material reciclado en el sentido tradicional, sino una reinterpretación del valor de lo descartado. Inspirado en fórmulas artesanales usadas históricamente por estucadores decorativos, el biomaterial se produce sin ingredientes petroquímicos, colorantes ni solventes. A través de un proceso en frío, los residuos se convierten en una pasta moldeable que puede esculpirse, prensarse, grabarse o incluso imprimirse en 3D, y que al secarse adquiere una dureza similar a la piedra, sin necesidad de procesos industriales intensivos.

Más que seguir una tendencia, Hors-Studio plantea un cambio de lógica: partir del uso potencial y del residuo disponible para diseñar nuevos objetos. Desde mobiliario y paneles decorativos hasta aplicaciones para marcas de lujo, el estudio demuestra que la innovación no siempre consiste en inventar algo nuevo, sino en cambiar la jerarquía de los materiales. En Leatherstone, la sostenibilidad no se comunica: se materializa, convirtiendo lo que antes no tenía valor en diseño, permanencia y sentido.

Redacción: Gabriela Carmona Rivera

Tomilli

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