Lo que no existe en el mercado también puede convertirse en una oportunidad para innovar. Esa fue la premisa que llevó a Natalia Pérez, diseñadora de interiores especializada en sostenibilidad y retail, a explorar durante más de una década el potencial del bambú hasta convertirlo en la base de nuevos biomateriales.
Su historia comienza con Proyecto Menos es Más, el estudio de diseño interior que fundó tras graduarse como Diseñadora de Interiores en 2010. Desde allí comenzó a cuestionarse algo que terminaría definiendo su carrera: ¿qué hacer cuando los materiales disponibles no representan los valores que quieres llevar a tus proyectos?
Para Natalia, la respuesta fue crearlos.
“La innovación para mí es hacia adentro, no hacia afuera. Si uno simplemente sigue tendencias, no se da el espacio para seguirse a sí mismo.”
Del bambú al laboratorio
En 2011, durante un workshop realizado en el Centro Metropolitano de Diseño (CMD), Natalia conoció más de cerca las posibilidades del bambú. El potencial de esta gramínea despertó una investigación que, con los años, trascendería el diseño de interiores.
En 2012 comenzó a trabajar con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) en testeos y ensayos relacionados con el material que posteriormente denominaría Bambuflex®.
El proceso no fue inmediato. Entre 2012 y 2016, mientras avanzaba en el desarrollo del material, Natalia también viajó y conoció comunidades originarias con el propósito de ampliar su mirada sobre la sostenibilidad a partir de diferentes formas de entender la relación entre territorio, recursos y producción.
De esa investigación surgió posteriormente Bambuniverso, un laboratorio de innovación en biomateriales basados en bambú, y nuevos desarrollos como Bambustone®.
¿Qué ocurriría si el cuero no proviene de un animal? ¿y si las piedras no provienen de canteras?
Estas son algunas de las preguntas que impulsan el trabajo de Bambuniverso.
Bambuflex® se plantea como un cuero de origen vegetal basado en bambú, mientras que Bambustone® explora el concepto de una “piedra vegetal”. Ambos desarrollos buscan ampliar las alternativas disponibles para industrias como la moda, el mobiliario, el diseño de objetos y los espacios interiores.
La oportunidad, además, parte de un recurso presente localmente. De acuerdo con la información proporcionada por el proyecto, 18 de las 23 provincias argentinas cuentan con presencia o plantaciones de bambú, lo que abre posibilidades para pensar cadenas productivas vinculadas al territorio.
“El lujo puede ser sostenible y no tiene que costarnos el planeta.”
Pero para Natalia el material es solo una parte de la ecuación. Su visión busca considerar también el origen de los recursos, las personas involucradas en su producción, su capacidad de escalar y lo que ocurre con ellos después de cumplir su función.
“Uno no solo elige un material; también elige la historia que hay detrás de ese material”, sostiene.
Innovar también es cambiar la forma de producir
Bambuniverso parte de una problemática mayor: los actuales modelos de producción y consumo generan impactos ambientales y socioeconómicos que obligan a las industrias a buscar nuevas alternativas.
Desde el proyecto plantean sus biomateriales no solo como productos, sino como parte de modelos productivos ecosistémicos orientados al desarrollo sostenible, con potencial de aplicación y escalabilidad internacional.
La propuesta también conecta diseño con bioeconomía local. Natalia identifica en el bambú una oportunidad para generar nuevas cadenas de valor y fortalecer comunidades vinculadas a su producción, al tiempo que explora su potencial ambiental.
Actualmente, el equipo avanza en la construcción y consolidación del Fablab de Bambuniverso, están estableciendo colaboraciones con marcas, buscando alianzas con inversionistas y socios estratégicos interesados en formar parte de esta nueva industria.
Tecnología sí, pero con esencia humana
La misma filosofía guía la postura de Natalia frente a la inteligencia artificial. En Proyecto Menos es Más estas herramientas se utilizan para agilizar visualizaciones y determinados procesos técnicos, pero no como sustitutas del criterio creativo.
“La inteligencia artificial debe simplificar procesos, pero la esencia tiene que seguir siendo humana.”
Para Natalia, innovar no significa perseguir cada nueva tecnología o tendencia. Significa entender qué se quiere cambiar y diseñar desde allí.
Lo que comenzó como la necesidad de encontrar materiales coherentes con sus propios valores terminó convirtiéndose en una investigación de más de una década alrededor del bambú.
Instagram: https://www.instagram.com/proyectomenosesmas_estudio/
Entrevista Realizada por: Gabriela Carmona Rivera


