En 2024, McDonald’s lanzó en Países Bajos una campaña de publicidad exterior que puso en primer plano uno de los sentidos menos explotados por la industria: el olfato. En lugar de recurrir a mensajes visuales o claims tradicionales, la marca apostó por un estímulo inmediato y universalmente reconocible: el aroma de sus icónicas papas fritas, capaz de activar la memoria y el apetito casi de forma instantánea.
La acción se desarrolló en las ciudades de Leiden y Utrecht, donde se instalaron vallas publicitarias minimalistas, pintadas en los colores característicos de la marca. A simple vista, los anuncios no mostraban ningún mensaje explícito; sin embargo, al acercarse a una distancia aproximada de cinco metros, los transeúntes comenzaban a percibir el inconfundible olor de las papas fritas de McDonald’s, generado a partir de papas reales y difundido mediante un sistema de ventilación integrado en las estructuras.
Con esta experiencia sensorial, desarrollada por la agencia TBWA\NEBOKO, McDonald’s demostró que su identidad de marca trasciende lo visual y lo sonoro. En un entorno publicitario saturado de estímulos, la campaña evidenció cómo activar sentidos primarios como el olfato puede convertirse en una estrategia efectiva para generar recordación, diferenciación y conexión emocional con el público.
Tomilli
