• En 2025, algunas de las subastas más icónicas y relevantes son el retrete de oro macizo, el retrato de Gustav Klimt, el reloj de oro del Titanic, el “Huevo de Invierno” de Fabergé, la moneda española del S.XVII y una botella de champán, entre otros
  • Desde obras maestras del arte moderno hasta reliquias históricas, pasando por piezas insólitas que desafían los límites del mercado tradicional

Madrid, 17 de febrero de 2026 En un año marcado por la incertidumbre económica, la volatilidad de los mercados financieros y un coleccionismo cada vez más global, el mercado del arte ha demostrado en 2025 que, incluso en un contexto desafiante, las subastas siguen protagonizando momentos excepcionales. Según el Informe del Arte Contemporáneo 2025 (HAT 100) de Hiscox, aunque el valor de las ventas en subastas de arte contemporáneo cayó un 27% en 2024 respecto al año anterior, reflejando un ajuste tras varias años de intensa actividad post-pandemia, la atención de los compradores se ha desplazado hacia piezas únicas y de alta calidad. Esta selectividad ha propiciado que ciertos lotes, desde obras maestras del arte moderno hasta objetos históricos y de lujo, sigan batiendo récords y consolidando el coleccionismo como un refugio de valor frente a la incertidumbre.

Ante este escenario, Hiscox, compañía internacional especializada en seguros de arte, hace una recopilación de algunas de las subastas más icónicas, sorprendentes -y también más insólitas- del último año, donde la escasez, la procedencia y la historia detrás de cada objeto se han convertido en factores decisivos.

En Nueva York, el mercado volvió a estremecerse con dos piezas que, a primera vista, no podrían ser más distintas. Por un lado, “El Retrato de Elisabeth Lederer” de Gustav Klimt, , una pieza a escala confiscada por los nazis y recuperado en la década de los 80, se convirtió en la obra de arte moderno más cara jamás subastada, alcanzando los 236,4 millones de dólares. Por otro, un retrete de oro macizo de 18 quilates del artista Maurizio Cattelan -conocido por su obra “Comediante”, el famoso y controvertido plátano pegado a la pared con cinta adhesiva-, volvió a demostrar que el arte contemporáneo sigue desafiando límites y expectativas. La pieza, convertida ya en un icono del arte más irreverente, alcanzó los 12,1 millones de dólares y confirmó que incluso en contextos de cautela inversora hay apetito por lo radical y lo insólito.

Desde las profundidades del Atlántico, un reloj de oro recuperado del Titanic perteneciente a Isidor Straus, fue recuperado días después del hundimiento y conservado posteriormente como una reliquia familiar por generaciones. El reloj, que marcaba la hora exacta del naufragio y se subastó junto a otros objetos de la pareja Straus, atrajo a coleccionistas de todo el mundo hasta alcanzar cerca de 2 millones de euros, una cifra récord para cualquier objeto vinculado al Titanic.

La Rusia imperial también reclamó su lugar en la memoria colectiva con la aparición del “Huevo de Invierno” de Fabergé. Encargado a comienzos del siglo XX para la familia Romanov, este huevo imperial no era solo una joya, sino una declaración de poder, lujo y artesanía. Tras perderse su rastro en 1975, reapareció en 1994 en una subasta en Ginebra, donde estableció el primero de sus récords al venderse por 7,2 millones de euros. Sin embargo, ocho años después volvió a alcanzar otra cifra histórica: 9,5 millones, su mayor valor hasta ahora. Su reciente salida a subasta despertó una expectación internacional que culminó en una venta cercana a los 26 millones de euros, confirmando el renovado interés por el arte decorativo de alta gama y por piezas que encarnan mundos desaparecidos.

En el ámbito del coleccionismo histórico, España firmó uno de los hitos del año con la venta de un centén del siglo XVII. Esta moneda, usada por los Austrias como símbolo de su prestigio más que como moneda de cambio y considerada la más valiosa jamás subastada en el país, alcanzó los 2,4 millones de euros y triplicó su propio récord anterior, reflejando el auge de la numismática como refugio de valor y nicho de inversión alternativa.

La historia reciente y la cultura popular también tuvieron su momento de gloria. Una botella magnum de Dom Pérignon Vintage 1961, servida en la boda del entonces príncipe Carlos y Diana de Gales, salió al mercado y su excepcional rareza y carga emocional llevaron a estimaciones de entre 67.000 y 80.000 euros, confirmando el creciente interés por objetos que conectan directamente con la memoria colectiva contemporánea.

Por otro lado, un retrato de George Washington volvió a poner el foco en los orígenes de Estados Unidos. La obra, creada por Gilbert Stuart, fue encargada en 1804 por otro ex presidente, James Madison, que por aquel entonces era secretario de Estado bajo el mandato de Thomas Jefferson. El retrato destaca por haber inspirado al icónico billete de un dólar y se vendió por 2,8 millones de dólares, superando con creces las estimaciones iniciales y reafirmando el atractivo de las piezas con un peso histórico y simbólico indiscutible.

Y si el arte y la historia marcaron récords, la moda no se quedó atrás. El vestido blanco plisado de Marilyn Monroe que lució en La tentación vive arriba se convirtió en el diseño más caro jamás subastado. La pieza alcanzó los 5,6 millones de dólares, consolidando la moda de autor como una nueva frontera del coleccionismo de alto nivel.

“Las subastas de 2025 confirman que, incluso en momentos de incertidumbre económica, el interés por el arte y los objetos únicos se mantiene. Vemos a coleccionistas cada vez más informados, que buscan piezas con historia, valor cultural y una correcta protección. Contar con un asesoramiento y un seguro especializado es clave para preservar este patrimonio a largo plazo”, afirma Eva Peribáñez, directora de la división de Arte y Clientes Privados de Hiscox España.

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