Suena exagerado, pero KitKat lo hizo realidad. Como parte de su alianza con la Fórmula 1, la marca creó un monoplaza a tamaño real elaborado con 16.900 chocolates, llevando su icónico “Have a break” a un terreno completamente inesperado: el de la velocidad.
El auto, que pesa 350 kilos y mide cinco metros de largo por dos de ancho, fue construido durante 1.254 horas bajo la dirección de la maestra chocolatera Jen Lindsey-Clark. Más allá del impacto visual, el nivel de detalle sorprende: desde el alerón delantero hasta los sidepods y el halo, todo replica un coche real, pero en chocolate enriquecido con trozos crujientes. La pieza fue presentada en Silverstone, uno de los escenarios más icónicos del automovilismo.
Esta colaboración va más allá de una activación puntual: es una forma de traducir una alianza estratégica en algo tangible, inesperado y compartible. KitKat toma el universo de la Fórmula 1 y lo lleva a su propio terreno, no desde la velocidad, sino desde el juego, el antojo y la pausa. Es ese tipo de ideas que no solo se ven: se comentan, se fotografían y se comparten, convirtiendo una asociación de marca en una experiencia que realmente conecta con las personas.
