El marketing en 2026 estará marcado por un cambio profundo en la forma en que las marcas se relacionan con las personas. En un entorno saturado de mensajes, datos y automatización, el verdadero diferencial ya no será solo la innovación tecnológica, sino la capacidad de generar conexiones más humanas, relevantes y coherentes con el contexto cultural y emocional de los consumidores.
La inteligencia artificial jugará un rol central, pero su valor irá mucho más allá de la eficiencia operativa. En los próximos años veremos cómo la IA se convierte en una aliada estratégica para entender comportamientos, anticipar necesidades y personalizar experiencias. Aun así, las marcas que destaquen serán aquellas que logren combinar esa tecnología con criterio, creatividad y sensibilidad humana, evitando relaciones frías o impersonales.
Otra tendencia clave será la búsqueda de bienestar a través de los llamados “pequeños placeres”. En un escenario de incertidumbre económica y social, las personas encuentran valor en experiencias simples, accesibles y emocionalmente significativas. El marketing dejará de enfocarse solo en grandes promesas para conectar desde lo cotidiano, lo cercano y lo auténtico.
También veremos una transformación en la manera de construir comunidad. Las audiencias migran de espacios masivos a microcomunidades más íntimas, donde la confianza, la conversación y el sentido de pertenencia pesan más que el alcance. En estos entornos, las marcas dejan de hablar para empezar a participar, escuchar y aportar valor real.
De cara a 2026, el marketing se moverá en un equilibrio constante entre datos y empatía, automatización y criterio humano. Las marcas que entiendan este cruce y actúen con coherencia, propósito y creatividad serán las que logren diferenciarse y construir relaciones duraderas en un ecosistema cada vez más complejo.
Redacción: Gabriela Carmona Rivera
Tomilli



