La publicidad se acerca a uno de los puntos de inflexión más importantes de su historia reciente. De cara a 2026, el reto ya no es simplemente evolucionar formatos o canales, sino redefinir el rol mismo de la publicidad dentro del negocio. La desaparición de las cookies, la presión por demostrar retorno real y la fragmentación extrema de audiencias han obligado a las marcas a replantear cómo, cuándo y para qué comunican.
En este contexto, la publicidad deja de ser un ejercicio aislado de visibilidad para convertirse en una herramienta integral que debe vender, construir marca y generar datos accionables al mismo tiempo. Las campañas desconectadas del negocio pierden sentido frente a modelos que integran medición, personalización y toma de decisiones en tiempo real. El foco ya no está en la métrica de vanidad, sino en el impacto real.
Cuatro grandes tendencias marcan este cambio de paradigma. La Connected TV consolida un modelo híbrido donde el entorno premium televisivo se combina con segmentación y performance medible. La creatividad dinámica reemplaza a la publicidad genérica, adaptándose al contexto, al usuario y al momento. La inteligencia artificial deja de ser una promesa para convertirse en un motor operativo que anticipa resultados y optimiza decisiones. Y los formatos híbridos, apoyados en datos propios, permiten medir el impacto a lo largo de todo el funnel (embudo de marketing).
Más allá de la tecnología, el verdadero desafío de la publicidad en 2026 será interpretar el comportamiento humano con inteligencia y sensibilidad. Las marcas que logren equilibrar automatización y control, personalización y respeto por la privacidad, creatividad y negocio, serán las que consigan relevancia sostenida. En un ecosistema cada vez más complejo, la publicidad no gana por gritar más fuerte, sino por tener más sentido.
Redacción: Gabriela Carmona Rivera
Tomilli



