Durante años, usar redes sociales fue visto como una decisión personal: pasar demasiado tiempo en ellas era responsabilidad del usuario. Se podía hablar de “adicción”, pero desde un juicio social, no desde una responsabilidad directa de las plataformas. Se era juzgado por una sociedad que podía declararte “adicto a redes sociales”, pero no víctima de las redes sociales. Ahora eso cambió.
Un jurado en Estados Unidos declaró negligentes a Meta y YouTube en un caso que los vincula directamente con la adicción en menores. La demanda fue presentada por una joven que comenzó a usar plataformas digitales desde muy pequeña y que, con el tiempo, desarrolló ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental, algunos potencialmente irreversibles.
Hasta ahora, este tipo de situaciones solían explicarse como un simple uso excesivo. Sin embargo, el jurado concluyó que no se trataba solo del comportamiento del usuario, sino del diseño mismo de estas plataformas. Están construidas con mecanismos como el scroll infinito, la reproducción automática y algoritmos de recomendación diseñados para maximizar el tiempo de permanencia.
Actualmente, existen múltiples demandas similares y un debate global creciente sobre la salud mental digital. Esto podría marcar un punto de inflexión en la forma en que se diseñan las plataformas.
Y con ello surge una pregunta:
¿No es también responsabilidad de nosotros como personas, saber cuidar nuestra salud mental?



