Dove decidió llevar a la calle algo que normalmente solo percibimos en pantalla: la sensación de que todas las caras empiezan a parecerse.
Con “The Beauty Machine”, una idea desarrollada junto a Ogilvy Nueva York, la marca instaló una máquina expendedora en la estación de Waterloo que, en lugar de ofrecer variedad, repetía el mismo rostro una y otra vez en distintos tonos de piel.
¿La intención? Hacer visible cómo los algoritmos están empujando un único ideal de belleza: perfecto, pero irreal. Un estándar que, en la práctica, termina borrando la diferencia y la individualidad.
Y es que, como lo afirma Marcela Melero, Chief Growth Marketing Officer de Dove,
“Los algoritmos premian la monotonía”. El resultado es una sensación constante de repetición, casi un déjà vu visual, donde la aparente diversidad no es más que una variación del mismo molde.”
Entonces, la pregunta aparece sola: ¿por qué los algoritmos están decidiendo qué es “bello” o “estético”?
Más que una crítica directa, la marca busca abrir conversación y devolver protagonismo a la diversidad. Con “Open Call”, invita a las mujeres a compartir su propia imagen y a celebrar lo que las hace distintas, no lo que las hace encajar. Porque, al final, no se trata de seguir un estándar, sino de cuestionar si estamos viendo belleza real —aunque no encaje— o simplemente lo que el algoritmo decide mostrarnos.
Tomilli
