Del boho maximalista al uniforme replicable

El Coachella Valley Music and Arts Festival ya no es lo que era, y no se trata solo de la música. Durante años, el festival funcionó como un territorio estético muy definido. Entre 2010 y 2016, figuras como Vanessa Hudgens —bautizada como la “reina de Coachella”— consolidaron una identidad visual clara: boho maximalista, capas, encaje, flecos, coronas de flores y una acumulación de accesorios que convertía cada outfit en una declaración. No era solo vestirse, era construir una narrativa alineada con el espíritu libre, artístico y despreocupado del festival.

Hoy, en cambio, recorrer Coachella es encontrarse con una estética mucho más contenida. Los looks responden a tendencias actuales como el minimalismo o el clean aesthetic, donde lo natural, lo funcional y lo fácil de replicar toman protagonismo. Este cambio no es casual: responde directamente a la forma en la que consumimos moda. La aspiración ya no está en lo inalcanzable, sino en lo cercano, en lo que puede adaptarse al día a día y circular fácilmente en redes.

Sin embargo, hay un matiz interesante. La estética boho no ha desaparecido, solo cambió de manos. Mientras las celebridades mainstream apuestan por lo simple, son las creadoras de contenido quienes están rescatando ese Coachella original, con flecos, botas cowboy y accesorios exagerados, ahora pensados para generar visibilidad en plataformas como TikTok e Instagram.

La pregunta entonces no es si Coachella perdió identidad, sino si su estética dejó de ser una expresión cultural para convertirse en un formato optimizado para el algoritmo.

Tomilli

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