La automatización y la inteligencia artificial transforman la red, pero no como una ventaja, sino como una mentira que cuesta dinero, posicionamiento y dedicación. Los bots ya no son una simple curiosidad, se han vuelto una preocupación colectiva. Estos utilizan programas automatizados diseñados para simular el comportamiento humano y realizar fraudes publicitarios. Sin embargo, la solución tampoco es comprar audiencias; lo que pone en peligro la publicidad en redes sociales ya que estas cuentas automatizadas se hacen pasar por usuarios reales, distorsionan las métricas de interacción, manipulan la opinión pública y desvían la inversión publicitaria hacia tráfico que no representa consumidores reales.

Pero ¿cuánto dinero pierden realmente las marcas por los bots en publicidad digital?

Según Juniper Research, firma de estudios de mercado del Reino Unido, más del 22% de la inversión publicitaria digital global se perdió por fraude publicitario en 2023, lo que ascendió a unos 84.000 millones de dólares. 

Por otro lado, el reporte anual de Imperva 2025, una empresa de ciberseguridad, afirma que las amenazas automatizadas están aumentando a un ritmo sin precedentes, y los bots representan el 37% del tráfico total de internet. Y que por primera vez en una década, el tráfico automatizado ha superado la actividad humana, representando el 51% del tráfico web. 

El problema no se limita a cifras infladas. En el ecosistema del marketing digital, muchas decisiones estratégicas se toman con base en métricas como impresiones, clics, engagement, vistas o conversiones. Cuando los bots intervienen en estos indicadores, las marcas pueden creer que sus campañas están funcionando mejor de lo que realmente están, lo que puede cambiar todas las reglas del juego, invierten más presupuesto en canales o audiencias que no existen, para finalmente no tener un retorno de éxito esperado. 

Este escenario ha comenzado a poner en duda uno de los pilares del marketing digital en la última década: la compra de audiencias. 

Durante varios años, comprar audiencias fue una de las grandes promesas de la publicidad digital. Las marcas podrían segmentar usuarios según intereses, comportamientos o datos demográficos y llegar, en teoría, a las personas correctas, porque “el trabajo de selección” ya estaba hecho. Sin embargo, este modelo empezó a mostrar grietas. Según un estudio de Gartner, empresa global de investigación y consultoría tecnológica, “la depreciación de las cookies de terceros está provocando la desaparición de fuentes de datos, y muchos profesionales del marketing aún se esfuerzan por reforzar la estrategia de datos propios”. En este nuevo escenario, las marcas priorizan construir sus nuevas audiencias en lugar de depender de datos externos.

¿Cómo están verificando las marcas si sus audiencias son reales?

Ahora que las organizaciones deciden construir sus propias audiencias en lugar de depender de datos externos, buscan herramientas y tecnologías que las ayuden a evitar los bots o comprar audiencias ya que creen en la necesidad de asegurar que las métricas que guían sus decisiones reflejan comportamientos reales y no interacciones artificiales. 

Hoy más que nunca, los resultados de las campañas son el centro del área de marketing, por lo tanto, deben ser coherentes con la inversión realizada. Por eso, muchas organizaciones optan por una postura más crítica, responsable y comprometida frente a sus audiencias digitales y comienzan a preguntarse si las personas que interactúan con sus anuncios son realmente consumidores potenciales o simplemente tráfico automatizado.

En la nueva economía de la atención, la verdadera ventaja competitiva no será solo captar audiencias, sino construir audiencias reales, verificables y propias.

Fuentes:

Redacción: Gabriela Carmona Rivera

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