¿Cuándo fue la última vez que te sentaste frente a alguien sin mirar el celular?
Estamos más conectados digitalmente que nunca, pero eso no significa necesariamente que nuestras conexiones sean más profundas. Esa contradicción es el punto de partida de Juntémonos Más, la nueva plataforma de marca de Starbucks, desarrollada junto a Ogilvy México para volver a poner las conversaciones cara a cara en el centro.
La idea es sencilla: pasar menos tiempo haciendo scroll y más tiempo sentados juntos.
Juntémonos Más: la nueva plataforma de Starbucks
Más que una campaña de comunicación, Starbucks plantea Juntémonos Más como un compromiso de marca y negocio para fortalecer algo que ha formado parte de su propuesta durante años: las conexiones humanas que suceden alrededor de una taza de café.
Una reunión entre amigos, una cita, una conversación entre colegas o simplemente una pausa para ponerse al día. En la narrativa de la campaña, el producto deja de ser el único protagonista para poner el foco en aquello que sucede a su alrededor.
La estrategia parte también de una realidad del negocio: una campaña puede captar la atención y llevar a una persona hasta una tienda, pero son la experiencia, el servicio, la oferta y la sensación que encuentra allí los que pueden darle razones para regresar.
Más allá de una campaña publicitaria
Por eso, Juntémonos Más no pretende quedarse únicamente en la publicidad. Según explicó Diego Recalde, la plataforma se extenderá progresivamente a las tiendas, los canales digitales, los productos y las experiencias de Starbucks.
La intención es reforzar uno de los conceptos históricos de la marca: el Third Place o “tercer lugar”, entendido como ese espacio entre la casa y el trabajo donde las personas pueden hacer una pausa, encontrarse y compartir tiempo juntas.
Ahí está también una de las decisiones estratégicas más interesantes de Juntémonos Más. Starbucks no intenta competir directamente contra las pantallas; recupera una experiencia que una pantalla difícilmente puede sustituir por completo.
Porque, en un momento en el que casi todo puede ocurrir de forma digital, sentarse frente a otra persona sigue necesitando algo muy sencillo: compartir el mismo lugar.



